TARTAMUDEZ:PREVENIR ES CLAVE

marga sbert
Marga sbert

Hoy os quiero hablar de la detección e intervención temprana de las disfluencias. Me parece un tema de vital importancia. Cuando los padres acuden al logopeda pidiendo ayuda o asesoramiento, es curioso observar cómo ya están haciendo muchas cosas para ayudar a su hijo, aunque muchas veces no sean conscientes de ello. Lo tratan de la forma más normal posible, reducen inconscientemente la velocidad del habla o el número de preguntas… aunque es cierto, que en otras muchas ocasiones los padres comentan que les resulta muy complicado gestionar los sentimientos que les genera observar o escuchar como el lenguaje o la expresión de su hijo carece de la fluidez esperada por su edad. Entonces aparecen en sus rostros caras de preocupación, suspiros, resoplos, ojos en blanco, comentarios del tipo “habla más despacio”, “respira”, “ponte tranquilo”, “si hablas así, no te entiendo”….

Siempre partimos de la base que los padres hacemos o actuamos de la MEJOR manera posible, con la mejor intención positiva para ayudar a nuestros hijos.

¿Qué padre quiere fastidiar o perjudicar a su hijo?

La prevención en la primera infancia es clave. Sabemos que los pediatras y los maestros son dos figuras cruciales en este aspecto. Ellos suelen ser los primeros profesionales a los que acuden los padres y los que impulsan o paralizan la intención de ponerse en contacto con un logopeda o terapeuta del lenguaje.

La detección precoz, es la mejor terapia.

Cuando aparecen las primeras repeticiones de sílabas o palabras, prolongaciones de sonidos o bloqueos es CLAVE que tanto padres, familiares, como equipo educativo y pediatra, estén informados y recomienden la visita a un logopeda. De esta manera podremos realizar una valoración y diagnóstico diferencial entre “tartamudez persistente y la tartamudez evolutiva”

¿Sabías que…?

-El 5% de los niños entre 2 y 5 años pueden presentar disfluencias (al menos durante un período de tiempo)

-El 80% remiten espontáneamente.

-El 20% continúan.

Frases o consejos del tipo “es normal, ya se le pasará”; “no le digas nada, que se dará cuenta”, “ignora las disfluencias”, “todavía no es consciente, no lo lleves al logopeda”, “seguro que es porque está nervioso, o celoso…” suelen recibirse de vecinos, maestros o pediatras, bien intencionados siempre. Esto hace que se retrase la consulta, y en parte tienen algo de verdad, ya que el 80% pueden remitir, pero ¿qué hacemos con ese 20% restante?

Aquí es donde la frase “prevenir es mejor que curar” tiene más sentido que nunca.

Ir a la escuela puede llegar a ser estresante para los niños con tartamudez. Allí pasan la mayor parte de la jornada. Se enfrentan a un sinfín de tareas y muchas veces no están seguros de las situaciones que tendrán que afrontar como leer en voz alta, contestar a una pregunta imprevisible, compartir juegos en los recreos… La mayoría de las conductas evitativas y de miedo se desencadenan en el entorno escolar, en respuesta a comentarios o burlas por parte de sus compañeros. Así que es de vital y crucial importancia estar muy encima de este tipo de situaciones y mantener una relación estrecha con el tutor y el resto del equipo educativo para que el niño se sienta protegido, seguro y arropado. No en términos discriminatorios sino todo lo contrario, en igualdad de condiciones que el resto de sus compañeros.

Deben conocer qué significa tener esta peculiaridad del habla. Desafortunadamente a día de hoy sigue siendo demasiado desconocida, demasiado tabú. En cambio, ya se empieza a saber más, por ejemplo, a cerca del TDH, del autismo, del síndrome de down o la deficiencia auditiva.

¿Qué pasa con la tartamudez, es una necesidad de segunda categoría?

Como en casi todos los casos, cuando no hay una respuesta adecuada normalmente detrás encontramos falta de información.

Es nuestra labor, tanto de los profesionales por supuesto pero también de los padres, transmitir qué es, qué supone y qué actitudes y respuestas pueden ayudar a nuestros hijos en ese ámbito escolar. Creo que hay mucho camino por recorrer pero pasito a pasito, como ya ha sucedido con otras discapacidades o dificultades, llegaremos a la meta.

Para mi otra una figura CLAVE es el pediatra. El pediatra es el equivalente al Dios para los padres. En él vertemos nuestros miedos, nuestras dudas sobre las personitas que más queremos de nuestras vidas. Si lo dice el pediatra, va a misa. Su palabra es sagrada. La tartamudez es la alteración del lenguaje más frecuente en la edad pediátrica y la que mayor desconcierto y dudas genera. Por eso, es tan importante que esté informado y que sea nuestro gran aliado.

Y para terminar, desde aquí quiero trasladar un mensaje muy claro dirigido a los Papás. Vosotros No sois la causa de las disfluencias de vuestros hijos. Sí que os animo a que tengáis tener un papel muy activo y comprometido con la detección e intervención temprana de vuestros hijos, porque son esenciales para su futura mejoría.

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